El Tratado Antártico mantiene a la Antártida como reserva natural dedicada a la paz y la ciencia, con prohibición de actividades mineras y salvaguardas ambientales estrictas. En 2016 se declaró el Área Marina Protegida del Mar de Ross, la mayor del planeta. La gobernanza multilateral demuestra que proteger el fin del mundo es posible gracias a la cooperación internacional y el consenso.





